Conversación entre teólogos, año 300 de nuestra era. Dios es omnisciente, omnipotente, y omnipresente. Ahora bien...
—Arnobio... ¿Y si le ponemos un atributo más a Dios? Se me ha ocurrido “omnibenevolente”.
—Ya que te pones, amigo Lactancio, que sea también ecológico.
Arnobio y Lactancio llegaron a Padres de la Iglesia (después de muertos, claro). Sin embargo, no ascendieron a los altares como la mayor parte de sus compañeros por sus ridículos nombres, sobre todo el del último. “San... ¿qué? ¡Virgen de la leche a chorros!” El presunto blasfemo (sigue este último enlace) podría haber dicho “galactorreica”, que es lo mismo en griego y en fino. Pero volvamos al tema.
Es bien sabido que si algo se anuncia con denuedo, será falso con una gran probabilidad. El sentido común ayuda, y es que mover una tonelada larga (1200 kg) de metal y plásticos para que cien kilos de carne (por redondear) vayan y vuelvan de sus recados cotidianos, recorriendo una treintena de kilómetros al día parece poco eficiente. Vaya por delante mi opinión en firme:
- No existe el coche ecológico. Ni el híbrido de hoy, ni el de hidrógeno (?) de mañana, lo son.
- El coche que menos contamina es el que no se fabrica. Y, después, el que no se mueve.
- Se puede ahorrar combustible y ,por tanto, emisiones, con un coche convencional (¿no ecológico?). Ya hemos tratado ese tema.
Dicho lo cual, podemos pasar página y reírnos a mandíbula batiente de los ingredientes que los diferentes fabricantes han añadido a sus locos cacharros. Pero eso será otro día.

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